A lo largo de unas dos semanas, hemos tenido contacto por WhatsApp con los
estudiantes de la Universidad de Groningen. En mi caso, como describí en
entradas anteriores, mis dos estudiantes querían mejorar su competencia en
interacción oral pues, si bien la gramática –a excepción de los tiempos
verbales—les parecía sencilla y creían dominarla, eran conscientes del esfuerzo
que les suponía mantener conversaciones espontáneas en español.
Por ello, partiendo del análisis de necesidades y de sus propias peticiones, he
intentado a lo largo de todas las interacciones que hemos tenido fomentar la
interacción espontánea del mismo modo que la tendría con amigos o familia. Así
pues, he intentado que pudieran siempre expresar su propia experiencia y hemos
hablado de viajes que han realizado, intereses y gustos en materia de series,
película o juegos, etc. Del mismo modo, he intentado mostrarles aspectos de la
historia de Barcelona y de la cultura española (las tapas, los bombardeos del
36, etc.) puesto que creo que son contenidos que, en primer lugar, motivan al
estudiante a seguir estudiando la lengua y, en segundo lugar, permiten adentrarse
más en el propio sistema lingüístico pues éste supone en muchos casos un fiel
reflejo de las convicciones culturales.
Asimismo, les he facilitado una serie de recursos que, espero, fomentarán su
aprendizaje autónomo: autores, series, música, etc. con los que ellos podrán
seguir aprendiendo. Su respuesta a estos materiales ha sido siempre muy
positiva. Asimismo, les he propuesto actividades relacionadas con la
elaboración de hipótesis –tan productiva en clase de lenguas—mediante un
fragmento de Nada, de Carmen Laforet
y mediante la imagen y un vídeo de un refugio antiaéreo de Barcelona; con
reflexiones sobre el propio aprendizaje, lo cual me resultó útil para obtener
un pequeño feedback y para poder
orientarlos hacia su propia autonomía de aprendizaje.
La multimodalidad de WhatsApp me
ha permitido trabajar diversos aspectos lingüísticos con ellos: por ejemplo, el
registro empleado ha sido coloquial, lo cual se refleja no sólo en expresiones
empleadas sino en una serie de elementos paralingüísticos (emoticonos) o
ortotipográficos (uso de exclamaciones, abreviaturas, ausencia o reducción de
signos de puntuación, alargamiento vocálico, etc.). Durante la primera sesión
de SpeakApps, les indiqué que me parecía más natural comunicarme con ellos de
esta forma pues es el modo habitual de los jóvenes de hacerlo entre sí en un
medio como WhatsApp. A ambos les gustó la idea y les elaboré un pequeño
documento que recogiera los elementos más importantes que se iban a encontrar.
Nunca he observado problemas de comunicación derivados del uso del español más
coloquial o menos normativo. Respecto a los turnos de habla, en la gran mayoría
de ocasiones, he sido yo quien ha iniciado la conversación, pero ellos también
han comenzado a hablar algunas veces y han respondido con bastante inmediatez.
En cuanto a la corrección, dado que mi principal objetivo es que mejoraran la
fluidez, los errores se han corregido en su mayoría de un modo sutil. Por
ejemplo, cuando una alumna usa saber para
preguntar si conocemos una película, intento que se dé cuenta de su error
contestándole que sí la conozco. No obstante, debido a que su deseo es también
aprender la lengua, hay errores que he corregido de un modo explícito: aquellos
que eran más frecuentes o que obstaculizan más la comunicación. De este modo,
les explicité que la palabra clase es
femenina en castellano.
En resumen, considero que ha sido un proyecto enriquecedor para ambas partes.
Creo que ellos tienen recursos para seguir avanzando en su aprendizaje y que
están bastante motivados. Por mi parte, yo he aprendido de algunos errores:
para introducir un tema, puede ser útil siempre recurrir a material
audiovisual, a fin de que los alumnos (sobre todo en niveles básicos) puedan
actualizar sus esquemas cognitivos y no confiarlo todo a un discurso verbal. Es
el caso de un día en que quise hablarles de los refugios antiaéreos de
Barcelona y envié una foto de uno de ellos por fuera. Uno de los alumnos
entendió que hablábamos de los refugiados, así que les envié un vídeo donde se
muestra un refugio por dentro. Considero que podría haberlo mandado en primer
lugar para evitar confusiones. Otra cosa que he aprendido es que los errores o
confusiones de los alumnos pueden servirnos para sacar nuevos temas que puedan
motivarlos; así, ante la confusión anterior, tuvimos una charla sobre los
refugiados, qué apoyos recibían en Barcelona y en Groningen, etc. Asimismo,
creo que es importante no frustrarse, seguir adelante aunque el plan inicial se
modifique y reconducir la conversación para llegar a los aspectos que nos
interesan.
Por último, he tomado plena consciencia de lo difícil que es motivar a los
alumnos, conseguir que se enganchen a aquello que presentas, pero estoy
satisfecha de los resultados porque han compartido fotos motu proprio y han
respondido a casi todo lo que he ido preguntándoles.
Fragmento de Nada usado en la interacción

La cotidianidad como prompt para la interacción oral espontánea

No hay comentarios:
Publicar un comentario