martes, 21 de marzo de 2017

REFLEXIÓN IV: CORRECCIÓN DE LA WIKI

Antecedentes

Como siguiente paso del proyecto de telecolaboración con los estudiantes de la Universidad de Groningen, estos debían escribir una wiki sobre un aspecto concreto de la cultura española (en nuestro caso, las costumbres españolas). 
Los estudiantes prepararon por su cuenta una serie de preguntas a este respecto sobre las que después debatimos en una sesión de SpeakApps. Las preguntas eran relativas a aspectos culturales como la siesta, los horarios comerciales, la gastronomía española, las fiestas más relevantes, etc. Después, debían elaborar un documento colaborativo que recogiera toda la información. Nosotras debíamos corregir este documento para que ellos redactasen una versión definitiva. 


Procedimiento de trabajo con los alumnos

Los alumnos alojaron su texto en Google Drive y lo compartieron con nosotras. En esa misma plataforma, nosotras fuimos modificando su texto con el sistema de corrección descrito más abajo y también aquí añadimos las valoraciones generales, la explicación de cómo habíamos llevado a cabo la corrección, el listado de recursos, etc. 
¿Por qué este sistema? En primer lugar, a los alumnos les resultaba cómodo pues están acostumbrados a utilizarlo, así que, ¿por qué no aprovechar su competencia digital previa? En segundo lugar, Drive permite consultar el historial de cambios, lo que facilita, por un lado, el acceso a versiones previas, que puede ser útil en el caso de algunos problemas y, por otro, el acceso al propio proceso de construcción por parte de los alumnos (pudimos ver cómo y qué modificaban)

Setbacks 

#1: Los alumnos no habían comprendido que debían construir el documento entre cuatro: los dos que trabajan conmigo y las dos que trabajan con mi compañera, Beatriz. De este modo, mis dos alumnos hicieron su parte de la wiki y me la enviaron. Una de las alumnas de Beatriz hizo lo propio tratando otros aspectos del mismo tema.
                Resolución: nos pareció que no debíamos hacerles repetir el trabajo para que lo hicieran de forma colaborativa con el fin de que los alumnos que ya habían escrito su parte no consideraran que habían perdido el tiempo (lo cual podría afectar a su motivación), así que acordamos trabajar con la parte escrita por cada alumno y les pedimos que luego juntaran las distintas informaciones. 
#2: Una de las alumnas del proyecto entregó su parte más tarde.
               Resolución: le indicamos dónde debía subir su parte y, aunque contamos con menos tiempo para realizar sus correcciones, al final pudimos solventarlo.
#3: Una de las alumnas no encontraba las correcciones a su ejercicio.
               Resolución: en primer lugar, Beatriz y yo buscamos en Drive –donde los alumnos habían alojado su producción y nosotras habíamos corregido—y pudimos dar con el problema: la alumna había sobreescrito el documento, con lo que las correcciones quedaron eliminadas. Así pues, recurrimos al historial de cambios de Drive, recuperamos la versión anterior a la sobreescritura y se la hicimos llegar a la alumna por correo electrónico. 
 #4: Forma de corrección: creo que, quizá por la tradición pedagógica con la que hemos crecido, cuando nos enfrentamos a una situación como ésta, en la que hemos de corregir, pensamos en la labor docente prototípica: bolígrafo rojo y tachones. Sin embargo, esta actividad nos sirvió para ir más allá y descubrir que el primer paso para afrontar una corrección es realizar una reflexión sobre qué propósito tiene esta evaluación puesto que existen numerosas maneras de llevar a cabo una corrección.
                Resolución: ver "Forma de corrección".
                


Forma de corrección

Los alumnos querían que corrigiéramos de una manera prescriptiva, esto es, actualizando sus exponentes erróneos por los correctos. Sin embargo, gracias a la guía docente recibida, decidimos que, si bien ésta es la forma más cómoda tanto para nosotras como para ellos, quizá no era la forma más adecuada para fomentar la reflexión, así que decidimos debatir sobre la mejor forma de corregir; finalmente, nos decantamos por correcciones que fomentasen la reflexión de nuestros alumnos: señalaríamos el error mediante un código de colores que permitiera a los alumnos identificar su naturaleza, pero no lo corregiríamos nosotras sino ellos (les proporcionamos algunos recursos online que consultar para corregir los distintos errores). Nuestro objetivo era darles pistas acerca de qué elemento lingüístico está fallando, que tengan una serie de recursos que poder revisar y que, a través de la reflexión, puedan darse cuenta de su error y los motivos que los han conducido a producir una forma errónea.
Además, incluimos una breve valoración general con dos objetivos fundamentales: el primero, poner el foco de atención sobre aquellos errores más comunes para que los alumnos pudieran saber qué les falla principalmente a la hora de construir su discurso en español; en segundo lugar, quisimos con la valoración fomentar su autoestima destacando aspectos especialmente positivos de sus trabajos.











Tabla explicativa del código de colores empleado









Qué se corrige

Hemos corregido errores de gramática (por ejemplo, concordancias), vocabulario (formas léxicas no adecuadas a la expresión deseada, como tener la siesta* por echarse la siesta), ortografía (uso de mayúsculas, como en costumbres Españolas*) y cuestiones relativas al orden o estructura del sintagma (pequeños vídeos para mostrar*).
En las valoraciones finales, aconsejamos que revisaran el texto en su conjunto y reestructuraran la información de modo que se evitaran repeticiones informativas innecesarias. Seguramente el hecho de trabajar por separado y luego unir los distintos segmentos produjo repeticiones temáticas que pasaron desapercibidas a ojos de nuestros alumnos, así que les pedimos que lo revisaran. También les indicamos una cuestión ortotipográfica: nuestros alumnos habían usado la raya (-) de forma constante a lo largo de todo el texto, así que, en las valoraciones generales, les indicamos que en español no solemos usar este símbolo sino que empleamos otros (como la coma, el punto y coma, etc.) Les recomendamos que consultaran el Diccionario Panhispánico de Dudas si querían profundizar en este aspecto. 
Por último, señalamos con smileys aquellas estructuras especialmente bien construidas (por ejemplo, es necesario examinar cada región por separado) porque nos parecía relevante, en términos de autoestima y motivación, que los alumnos recibieran también un feedback sobre aquellos aspectos especialmente positivos de su redacción. 



Conclusiones

Esta actividad me ha resultado útil para tomar consciencia de varias cuestiones relacionadas con la didáctica de ELE. En primer lugar, no siempre se corrige de la misma forma, por lo que siempre debemos plantearnos para qué estamos corrigiendo. En este caso, llegamos a la conclusión de que los alumnos aprovecharían más nuestras correcciones si debían reflexionar sobre aquellos aspectos lingüísticos que no tienen adquiridos y que, por ende, los lleva a equívoco. Como disponíamos de tiempo, pudimos llevar a cabo el procedimiento descrito. En segundo lugar, el proceso de aprendizaje está sujeto a eventualidades y casuísticas constantes: alumnos que no entienden bien qué deben hacer, que entregan tarde las tareas, que tienen problemas con las plataformas virtuales, etc. Me he dado cuenta de que, como profesor, es muy importante ser consciente de que van a surgir este tipo de contratiempos y que, para solucionarlos, lo mejor suele ser una buena predisposición, toneladas de paciencia y una buena -y frecuente-comunicación con nuestros alumnos. 
En resumen, estoy profundamente satisfecha de que esta actividad me haya permitido analizar y reflexionar acerca de aspectos más técnicos de la docencia, pero también sobre la faceta más humana de nuestra labor docente. 

sábado, 4 de marzo de 2017

REFLEXIÓN III: uso de WhatsApp

A lo largo de unas dos semanas, hemos tenido contacto por WhatsApp con los estudiantes de la Universidad de Groningen. En mi caso, como describí en entradas anteriores, mis dos estudiantes querían mejorar su competencia en interacción oral pues, si bien la gramática –a excepción de los tiempos verbales—les parecía sencilla y creían dominarla, eran conscientes del esfuerzo que les suponía mantener conversaciones espontáneas en español. 
Por ello, partiendo del análisis de necesidades y de sus propias peticiones, he intentado a lo largo de todas las interacciones que hemos tenido fomentar la interacción espontánea del mismo modo que la tendría con amigos o familia. Así pues, he intentado que pudieran siempre expresar su propia experiencia y hemos hablado de viajes que han realizado, intereses y gustos en materia de series, película o juegos, etc. Del mismo modo, he intentado mostrarles aspectos de la historia de Barcelona y de la cultura española (las tapas, los bombardeos del 36, etc.) puesto que creo que son contenidos que, en primer lugar, motivan al estudiante a seguir estudiando la lengua y, en segundo lugar, permiten adentrarse más en el propio sistema lingüístico pues éste supone en muchos casos un fiel reflejo de las convicciones culturales. 
Asimismo, les he facilitado una serie de recursos que, espero, fomentarán su aprendizaje autónomo: autores, series, música, etc. con los que ellos podrán seguir aprendiendo. Su respuesta a estos materiales ha sido siempre muy positiva. Asimismo, les he propuesto actividades relacionadas con la elaboración de hipótesis –tan productiva en clase de lenguas—mediante un fragmento de Nada, de Carmen Laforet y mediante la imagen y un vídeo de un refugio antiaéreo de Barcelona; con reflexiones sobre el propio aprendizaje, lo cual me resultó útil para obtener un pequeño feedback y para poder orientarlos hacia su propia autonomía de aprendizaje.

La multimodalidad de WhatsApp me ha permitido trabajar diversos aspectos lingüísticos con ellos: por ejemplo, el registro empleado ha sido coloquial, lo cual se refleja no sólo en expresiones empleadas sino en una serie de elementos paralingüísticos (emoticonos) o ortotipográficos (uso de exclamaciones, abreviaturas, ausencia o reducción de signos de puntuación, alargamiento vocálico, etc.). Durante la primera sesión de SpeakApps, les indiqué que me parecía más natural comunicarme con ellos de esta forma pues es el modo habitual de los jóvenes de hacerlo entre sí en un medio como WhatsApp. A ambos les gustó la idea y les elaboré un pequeño documento que recogiera los elementos más importantes que se iban a encontrar. Nunca he observado problemas de comunicación derivados del uso del español más coloquial o menos normativo. Respecto a los turnos de habla, en la gran mayoría de ocasiones, he sido yo quien ha iniciado la conversación, pero ellos también han comenzado a hablar algunas veces y han respondido con bastante inmediatez.

En cuanto a la corrección, dado que mi principal objetivo es que mejoraran la fluidez, los errores se han corregido en su mayoría de un modo sutil. Por ejemplo, cuando una alumna usa saber para preguntar si conocemos una película, intento que se dé cuenta de su error contestándole que sí la conozco. No obstante, debido a que su deseo es también aprender la lengua, hay errores que he corregido de un modo explícito: aquellos que eran más frecuentes o que obstaculizan más la comunicación. De este modo, les explicité que la palabra clase es femenina en castellano. 
En resumen, considero que ha sido un proyecto enriquecedor para ambas partes. Creo que ellos tienen recursos para seguir avanzando en su aprendizaje y que están bastante motivados. Por mi parte, yo he aprendido de algunos errores: para introducir un tema, puede ser útil siempre recurrir a material audiovisual, a fin de que los alumnos (sobre todo en niveles básicos) puedan actualizar sus esquemas cognitivos y no confiarlo todo a un discurso verbal. Es el caso de un día en que quise hablarles de los refugios antiaéreos de Barcelona y envié una foto de uno de ellos por fuera. Uno de los alumnos entendió que hablábamos de los refugiados, así que les envié un vídeo donde se muestra un refugio por dentro. Considero que podría haberlo mandado en primer lugar para evitar confusiones. Otra cosa que he aprendido es que los errores o confusiones de los alumnos pueden servirnos para sacar nuevos temas que puedan motivarlos; así, ante la confusión anterior, tuvimos una charla sobre los refugiados, qué apoyos recibían en Barcelona y en Groningen, etc. Asimismo, creo que es importante no frustrarse, seguir adelante aunque el plan inicial se modifique y reconducir la conversación para llegar a los aspectos que nos interesan.
Por último, he tomado plena consciencia de lo difícil que es motivar a los alumnos, conseguir que se enganchen a aquello que presentas, pero estoy satisfecha de los resultados porque han compartido fotos motu proprio y han respondido a casi todo lo que he ido preguntándoles.




Fragmento de Nada usado en la interacción                            



















La cotidianidad como prompt para la interacción oral espontánea